RESUMENES CAPÍTULOS DEL LIBRO ``EL HOMBRE QUE CONFUNDIÓ A SU MUJER CON UN SOMBRERO´´
Capítulo 1
Trata de que el doctor P, un gran músico y profesor de la Escuela de Música local, empezó a no reconocer las caras de sus alumnos y solo los identificaba por sus voces. Estos incidentes empezaron a multiplicarse provocando situaciones embarazosas, perplejidad, miedo y a veces cómicas. El doctor P fracasaba cada vez más en la tarea de identificar caras y veía caras donde no las había podía ponerse, afablemente, a dar palmaditas en la cabeza a las bocas de incendios y a los parquímetros, creyéndose que son cabezas de niños. Al principio todos se habían tomado estos extraños errores como gracias o bromas, incluido él.
La idea de que hubiese algo raro no surgió hasta unos tres años después, cuando se le diagnosticó diabetes y como esta puede afectar a la vista decidió ir al oftalmólogo. Este le dijo que tenía la vista perfectamente pero tenía problemas en las zonas visuales del cerebro, así que, lo derivó a un neurólogo. El neurólogo observó en pocos segundos que era un hombre muy culto, simpático, hablaba bien, con fluidez, tenía imaginación y sentido del humor, es por eso que no acababa de entender por qué lo habían derivado a su clínica. Sin embargo, mientras el neurólogo hablaba al doctor P, estaba orientado hacia él pero había algo que no encajaba del todo.
Llegó a la conclusión de que el doctor P le abordaba con los oídos y no con los ojos. Estos en vez de fijarse en él de forma normal, efectuaban fijaciones súbitas y extrañas (en su nariz, en su oreja derecha, bajaban después a la barbilla, luego subían a su ojo derecho) como si estudiasen incluso, esos elementos individuales, pero sin verme la cara por entero, sus expresiones variables, «a él», como totalidad.
Le preguntó si notaba algún problema en la vista y él respondió que directamente no pero a veces cometía errores, entonces procedió a hacerle un examen neurológico. Cuando examinaba los reflejos noto que eran un poco anormales en el lado izquierdo, fue ahí cuando se produjo la primera experiencia extraña. Él le había quitado el zapato izquierdo y le había rascado en la planta del pie con una llave y luego, lo dejé que se pusiera el zapato. Al cabo de un minuto, comprobó que no lo había hecho porque había confundido el zapato con su propio pie. Cuando le dijo que describiera una portada de una revista, en la que aparecía las dunas del Sahara, el veía un río y un parador pequeño con la terraza que da al río con gente cenando en ella y unas cuantas sombrillas de colores.
El neurólogo no podía explicar coherentemente lo que había ocurrido de acuerdo con la neurología convencional (o neuropsicología). El doctor P. parecía estar por una parte en perfecto estado y por otra absoluta e incomprensiblemente trastornado. Cuando terminó la visita extendió la mano buscando su sombrero pero cogió a su esposa por la cabeza y estaba intentando ponérsela.
Al cabo de unos días fue a visitar al doctor P en su casa. Observó que había libros, cuadros, pero la música era lo básico. Combinaba una voz y un perfectos con la inteligencia musical más penetrante. Los lóbulos temporales del doctor P. estaban intactos, no cabía duda alguna: tenía un córtex musical maravilloso pero ¿qué tendría en los lóbulos occipital y parietal?
Llevaba sólidos platónicos en el equipo neurológico y decidió empezar por ellos. Contestó a todas las preguntas bien. Era evidente que las formas abstractas no planteaban ningún problema, pero ¿y las caras?. Sacó una baraja e identificó inmediatamente todas las cartas, incluidas las jotas, las reinas, los reyes y el comodín. Pero se trataban de dibujos estilizados, y era imposible determinar si veía rostros o sólo ciertas pautas así que le mostró un libro de caricaturas que llevaba en la cartera. También en este caso respondió bien mayoritariamente. Pero las caricaturas son también formales y esquemáticas. Había que ver cómo se las arreglaba con rostros reales. Encendió la tele y el doctor P no fue capaz de reconocer a la actriz pero esto podría deberse a que la actriz nunca hubiese entrado en su mundo. Lo que resultaba ya más sorprendente era que no lograba identificar las expresiones de la actriz ni las de su pareja, ¿tendría más éxito identificando caras de su propia vida?.
Cogió algunas fotos de su familia y amigos que estaban colgadas en las paredes y se las mostró. No identificó en realidad a nadie: ni a su familia ni a los colegas ni a los alumnos; ni siquiera se reconocía él mismo. Identificó en una foto a Einstein por el bigote y el cabello característicos; y lo mismo sucedió con una o dos personas más. Si faltaban «indicadores» obvios se quedaba totalmente perdido. Miraba aquellas caras como si fuesen pruebas o rompecabezas abstractos. Ningún rostro le resultaba familiar (lo identificaba sólo como una serie de elementos, como un objeto).
Las pruebas que había realizado hasta aquel momento no me revelaban nada del mundo interior del doctor P. aunque parecía posible que su imaginación y su memoria estuvieran intactas. Le dijo que se imaginase que entraba en una plaza de su ciudad desde el norte y le dijese que edificios veía y sólo dijo los que estaban a la derecha. Luego le pidió que dijese los edificios que veía pero entrando por el sur y, nuevamente, dijo los que quedaban en la derecha. No cabía la menor duda de que los problemas que tenía con el lado izquierdo (sus déficits del campo visual, eran tanto internos como externos).
Respecto a su nivel superior de visualización interna, le hizo unas preguntas al doctor P sobre una película. Recordaba sin problema los incidentes pero omitía completamente las características visuales, la narración visual y las escenas. Pero esto sólo sucedía con algunos tipos de visualizaciones. La visualización de caras y escenas, de lo visual dramático narrativo estaban profundamente alteradas. Cuando inició una partida de ajedrez no tuvo dificultades para visualizar el tablero y los movimientos, incluso de ganarle.
Al terminar la revisión, la señora P había preparado una merienda y observó que cada vez que hacía algo lo hacía canturreando y cuando algo le interrumpía ese canturreo se paralizaba y no reconocía nada de lo que había a su alrededor ni a él mismo. No puede hacer nada si no lo convierte en una canción.
El neurólogo no sabía decirle cuál era el problema, pero si le dijo lo que le parecía maravilloso de él: ``Es usted un músico maravilloso y la música es su vida. Lo que yo prescribiría, en un caso como el suyo, sería una vida que consistiese enteramente en música. La música ha sido el centro de su vida, conviértala ahora en la totalidad.´´
El doctor cree que para él la música ha ocupado el lugar de la imagen. A pesar del avance de la enfermedad el doctor P. enseñó música y la vivió hasta los últimos días de su vida.
Capítulo 4
Un joven (que había ingresado en el hospital esa misma mañana para hacerse unas pruebas) se había caído de la cama. Estaba sentado en el suelo dando voces y se negaba a acostarse otra vez. Cuando llegó el doctor se encontró al paciente tumbado en el suelo al lado de la cama mirándose fijamente la pierna. Le preguntó si necesitaba ayuda o si quería volver a acostarse en la cama, pero estas palabras le alteraron más y le hizo un gesto negativo entonces se puso de cuclillas a su lado y le preguntó qué le pasaba No tenía ningún problema pero los neurólogos, al comprobar que tenía la pierna izquierda «holgazana» vieron oportuno ingresarlo.Se había sentido perfectamente todo el día hasta que por la tarde al levantarse de la cama descubrió una pierna de alguien en la cama. Se quedó impresionado porque nunca antes había experimentado algo tan increíble. De pronto tuvo una idea: todo era una broma porque era el día de Año viejo y todo el mundo estaba celebrándolo.
Esta explicación le tranquilizó mucho pero considerando que esa broma se había pasado un poco de la raya decidió lanzarla fuera de la cama y cuando la tiró se cayó él también detrás de ella y ahora la tenía pegada al cuerpo. La cogió con ambas manos e intentó arrancársela del cuerpo y al no poder se puso a darle golpes. El doctor intentó calmarlo pero le miró con expresión de miedo y curiosidad a la vez.
El seguía insistiendo en que era una broma de mal gusto pero al ver que el doctor le hablaba completamente en serio se le puso una expresión de auténtico miedo. Le preguntó al doctor si esa era su pierna y que si una ha de saber si es su pierna o no. El doctor le contestó que sí a las 2 preguntas y que si no era él el que estaba bromeando. El joven le contestó que no. No era capaz de reconocer si esa pierna le pertenecía o no. No le parecía real ni parte de él. No sabía de dónde podía venir la pierna. El doctor consiguió que volviera a tumbar en la cama y decidió hacerle una última pregunta: si esa cosa no era su pierna izquierda, ¿dónde estaba su pierna izquierda?. Él le respondió que no lo sabía, que no la encontraba por ninguna parte, había desaparecido.
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